No es que estuviéramos callados, es que no estábamos. El gato se empeñó en que lo llevásemos a visitar a primos suyos por ahí por unos países y otros, y haciéndole caso hemos ido siguiendo las vías hasta casi, casi, el final de los mapas por este lado. Una docena de trenes, una decena de idiomas y unas cuantas reflexiones sobre Europa: sus extrañas fronteras, sus sugerentes diferencias, su historia de imperios caídos y de fructíferos cruces furtivos de los bordes y las normas. 
Ya os contaremos algo, si os apetece. De momento, para volver a arrancar los motores de esta casa, un poema que fuimos llevando de vagón en vagón. Es de Alberto Porlan y forma parte de su libro País (Libros de la Herida, 2009), que fue exactamente lo que necesitábamos para saber mirar mejor -hacia afuera y también hacia adentro- lo que dejaban ver las ventanillas que nos íbamos encontrando.

-10-
Estos sellos que infectan los graves pasaportesEstos hitos mojones barreras y alambradasestas líneas de puntos que torturan los mapasni un punto de armonía han aportado al mundoni una coma de amor o de decencia.
Gozar el asombroso crepúsculo de Cádiznavegar por el Dvina cuando lo encrespa el norterecorrer a caballo la planicie de Hungríalas praderas de Irlanda los bosques de Lituania.
Detenerse a estudiar unos minutoslas nubes que ensombrecen el cielo de Nicosiaatravesar soñando la niebla del Ticinolas selvas de abedules de la Rusia infinita.
Pisar las calles negras de Nápoles o Hamburgode Marsella de Londres de Berlín de Estocolmo.
Tantas patrias en una que nadie llama patria.Si acaso continente esa palabra hueca.
Y sin embargo hermanos qué bien suenan los nombrescon qué timbre tan suave tan común tan sonoroPeruggia Barcelona París Viena Belgradoqué hipnótica cadencia qué música componenTirana Dover Riga Lisboa Praga Dortmundinocentes secuencias de sílabas ligadasSevilla Amsterdam Brujas Dublín Tiflis Varsoviapronunciadas lo mismo por sabios que por bobos.
Pues oíd la canción sabios y bobosescuchad lo que cantan los albatrosen lo alto del cielo y en medio de los mares:de las naciones ya se acaba el tiempolos viejos estandartes arderán todos juntosy los niños ingleses no nacerán ingleses.
Tú no puedes creerlo mas aquellos albatrosavistan ya la ola detrás del horizonte.
Las patrias se terminan y esas aves lo anunciancon su altísimo canto.Un día santa Juana tendrá oblicuos los ojosy vendrá la mañana de una época extrañacomo borra una ola de la anterior la huella.
Así que nadie invoque un futuro perpetuo.Di mañana di el lunes. Pero siempre no digas.Porque siempre fue ayer y ayer pasó por siempredejando en los braseros montones de cenizay miles de palotes en miles de pizarras.
En los montes del tiempo la nieve dura poco.Ya son lluvia las nubes ya es carbón la espesuraya es un fósil inerte el nervioso lagarto.
Si llamas a tu abuelo el eco te devuelveesa misma llamada en la voz de tu nieto.
No hay mañana sin cambio así trabaja Vidamientras baila borracha entre naranjosrompe trueca transmuta revuelve diferenciadescompone remoza trastorna altera muday en ese trajín loco en que nos mecequé dulce es la certeza de que vendrá la auroray qué triste morirse mientras gira el planeta.

No es que estuviéramos callados, es que no estábamos. El gato se empeñó en que lo llevásemos a visitar a primos suyos por ahí por unos países y otros, y haciéndole caso hemos ido siguiendo las vías hasta casi, casi, el final de los mapas por este lado. Una docena de trenes, una decena de idiomas y unas cuantas reflexiones sobre Europa: sus extrañas fronteras, sus sugerentes diferencias, su historia de imperios caídos y de fructíferos cruces furtivos de los bordes y las normas. 

Ya os contaremos algo, si os apetece. De momento, para volver a arrancar los motores de esta casa, un poema que fuimos llevando de vagón en vagón. Es de Alberto Porlan y forma parte de su libro País (Libros de la Herida, 2009), que fue exactamente lo que necesitábamos para saber mirar mejor -hacia afuera y también hacia adentro- lo que dejaban ver las ventanillas que nos íbamos encontrando.

-10-

Estos sellos que infectan los graves pasaportes
Estos hitos mojones barreras y alambradas
estas líneas de puntos que torturan los mapas
ni un punto de armonía han aportado al mundo
ni una coma de amor o de decencia.

Gozar el asombroso crepúsculo de Cádiz
navegar por el Dvina cuando lo encrespa el norte
recorrer a caballo la planicie de Hungría
las praderas de Irlanda los bosques de Lituania.

Detenerse a estudiar unos minutos
las nubes que ensombrecen el cielo de Nicosia
atravesar soñando la niebla del Ticino
las selvas de abedules de la Rusia infinita.

Pisar las calles negras de Nápoles o Hamburgo
de Marsella de Londres de Berlín de Estocolmo.

Tantas patrias en una que nadie llama patria.
Si acaso continente esa palabra hueca.

Y sin embargo hermanos qué bien suenan los nombres
con qué timbre tan suave tan común tan sonoro
Peruggia Barcelona París Viena Belgrado
qué hipnótica cadencia qué música componen
Tirana Dover Riga Lisboa Praga Dortmund
inocentes secuencias de sílabas ligadas
Sevilla Amsterdam Brujas Dublín Tiflis Varsovia
pronunciadas lo mismo por sabios que por bobos.

Pues oíd la canción sabios y bobos
escuchad lo que cantan los albatros
en lo alto del cielo y en medio de los mares:
de las naciones ya se acaba el tiempo
los viejos estandartes arderán todos juntos
y los niños ingleses no nacerán ingleses.

Tú no puedes creerlo mas aquellos albatros
avistan ya la ola detrás del horizonte.

Las patrias se terminan y esas aves lo anuncian
con su altísimo canto.
Un día santa Juana tendrá oblicuos los ojos
y vendrá la mañana de una época extraña
como borra una ola de la anterior la huella.

Así que nadie invoque un futuro perpetuo.
Di mañana di el lunes. Pero siempre no digas.
Porque siempre fue ayer y ayer pasó por siempre
dejando en los braseros montones de ceniza
y miles de palotes en miles de pizarras.

En los montes del tiempo la nieve dura poco.
Ya son lluvia las nubes ya es carbón la espesura
ya es un fósil inerte el nervioso lagarto.

Si llamas a tu abuelo el eco te devuelve
esa misma llamada en la voz de tu nieto.

No hay mañana sin cambio así trabaja Vida
mientras baila borracha entre naranjos
rompe trueca transmuta revuelve diferencia
descompone remoza trastorna altera muda
y en ese trajín loco en que nos mece
qué dulce es la certeza de que vendrá la aurora
y qué triste morirse mientras gira el planeta.