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Los hay que no cierran en vacaciones, y menos mal. Noticiaca para agosto: ya a puntito de salir Sálvese quien quiera, nuevo disco de Daniel Mata en el Callejón del Gato. Una maravilla de amor, humor, mala leche, buena vibra.

Aquí el primer single, de igual título que el álbum; y abajo toda la info sobre la gira de presentaciones. ¡Estad atentos, que esto es algo para no perderse!

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Ya ha salido a la calle el número 38 de Revista Eñe, en el que la menda colabora con un puñadito de poemas, a raíz de la lectura que hicimos en su día en el Festival Eñe. Toda la info sobre el número, aquí. 

Ya ha salido a la calle el número 38 de Revista Eñe, en el que la menda colabora con un puñadito de poemas, a raíz de la lectura que hicimos en su día en el Festival Eñe. Toda la info sobre el número, aquí

Etiquetas: poesía revista eñe
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ISMOS (VI)

El mar no se pisa.
Ningún color es comida.
Los perros no razonan.
Los niños no razonan.
Los niños no razonan.

Pero todos al decir unicornio
vemos trotar el mismo caballo que no existe.

"

— Es un poema de Sofía Castañón incluido en Ismos, un especialísimo pequeño poemario que forma parte de la colección “Poética y Peatonal” de Ejemplar Único, un proyecto de Gabriel Viñals en el que de cada libro se publica una tirada limitada en que a cada ejemplar lo acompaña una camiseta con un diseño exclusivo sobre uno de los textos. Poesía para llevarse puesta. Libros para vivir entre unicornios. 

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GALLOS DE PELEA

Cantó el gallo en mitad del bombardeo.
Como si no supiera
que esta guerra es un duelo entre dos dioses
y quisiera ser él el tercero en discordia.
Como si el muy necio intentara
Convencerse a sí mismo
que a las cinco amanece
a pesar de los hombres.

* * *

TELEVISIÓN

Nadie se llame a engaño,
Nadie baje la guardia.
Según informaciones que nos llegan
desde la cadena
americana CNN
la guerra será larga
aunque se filme
en directo la paz
cualquier día de estos.

* * *
PARTE DE GUERRA

Ni una baja
tras cien operaciones.
Ni una baja
tras mil operaciones.
Ni una baja
tras tres días de guerra
en la bolsa de tokio.

* * *

ENVIADO ESPECIAL

Devolvemos la conexión a madrid
Para unos minutos publicitarios.

"

Cuenta el poeta Fernando Beltrán que escribió su libro El gallo de Bagdad de un tirón durante los once primeros días de la Guerra del Golfo. “Poemas de urgencia” mientras los medios de comunicación vomitaban datos sin alma. 

Ahora es otra la guerra, pero idéntico el horror. 

Por eso, recupero estos versos como candil o como grito.

El libro puede descargarse íntegro aquí.

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Este viernes comienza en Madrid el ciclo “Marabunta Summer Poetry”, que quiere llenar de versos las noches del verano. Por allí andaremos el viernes 1 de agosto, a la hora del fresquito. Más info aquí, por si os pillara a mano. 

Este viernes comienza en Madrid el ciclo “Marabunta Summer Poetry”, que quiere llenar de versos las noches del verano. 

Por allí andaremos el viernes 1 de agosto, a la hora del fresquito. 

Más info aquí, por si os pillara a mano. 

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Cuando oyó la primera explosión, Um Sa’ad estaba dando de cenar a su hijo pequeño. El campo del Bory no está muy lejos del aeropuerto, pero por un momento pensó que alguno se adelantaba a festejar el Año Nuevo. Después se puso a escuchar con más atención y sintió en el aire que algo grave pasaba. Su jornada había sido agotadora. De pie desde el amanecer, había lavado la ropa, escurrido las bayetas, limpiado los cristales de las ventanas, fregando el suelo, sacudiendo las alfombras –en las casas de los demás, claro, porque la suya en el campo no es más que una habitación divida a la mitad por un tabique de hojalata. Estaba muy cansada, pero cuando oyó la segunda explosión, no vaciló un instante, dejó a su hijo y salió afuera. Por encima de las dunas rojizas, se dirigió a la carretera y allí pudo ver llamaradas envueltas en humo que se elevaban en la noche. Um Sa’ad se detuvo atónita sin saber qué hacer, oía un zumbido, un estrépito extraño.

-¿Estabas sola?
-¿Sola? ¡Qué va, hijito, qué iba a estar sola! La gente acudía como las hormigas.

Todas las mujeres del campo, y los niños y los muchachos, todos salieron como si antes se hubieran puesto de acuerdo. Estábamos todos allí. No sabíamos muy bien por qué ni para qué. En el horizonte divisábamos el fuego.

Después, oímos un avión que pasaba cerca y levantamos la cabeza.

El avión se acercó aún más. Era negro. Pasó en vuelo rasante y ametralló la carretera. Entonces se oyó un estrépito ensordecedor de chatarra. Poco después, Um Sa’ad se lanzó a la calzada y recogió una esquirla de hierro de aristas cortantes.
-Estos pedazos de hierro pinchan las ruedas de los carros.
Le dio vueltas en la mano para que los demás la vieran bien.
-¡Vamos, muchachos, hay que recogerlos y arrojarlos a la arena!

(…)

El fuego se fue aplacando, pero el humo seguía envolviendo el
horizonte. Um Sa’ad, de pie encima de la arena, se contemplaba las manos llenas de heridas. Los niños volvían a sus casas. Entonces pensó en Sa’ad. Lo sentía en su cuerpo como el día que lo echó al mundo. La invadió un sentimiento extraño que no podía explicar, una especie de confianza, de esperanza en el futuro. En algún lugar, pensaba, estaba ahora Sa’ad, firme como un tronco, como una roca, haciéndoles pagar aquello con las armas.

Um Sa’ad abrió las manos ante mí. En sus palmas callosas, las heridas eran como rojos ríos secos. Esas manos despedían un olor único… el olor de la resistencia cuando se hace cuerpo y sangre en el hombre.
-No es nada… son heridas sin importancia.
-¿Esto? Pues claro. Desaparecerán, el tiempo las borrará. La herrumbre de los platos que friego, la porquería de las baldosas que limpio, la ceniza de los ceniceros que vacío, la suciedad del agua con que lavo, se irán acumulado encima de las heridas y las harán desaparecer anegadas en torrentes de cansancio, restañadas por mi aliento, bañadas a diario en el sudor cálido de las manos con que amaso el pan de mis hijos… Sí hijito… los días de servidumbre las cubrirán de un caparazón, pero sé que debajo seguirán taladrándome. Lo sé.

"

A veces la literatura nos ayuda a humanizar, a entender mejor (a sentir) aquello que visto de lejos no parece siquiera real. Este es un fragmento de Um Sa’ad (‘Madre de Sa’ad’), de Ghassan Kanafani (Acre, 1936 - Beirut, 1972). Un relato basado en un personaje real cuya voz, dice el autor, es “la de esa clase de palestinos que pagaron caro el precio de la derrota y que hoy, bajo techos miserables y en la vanguardia de la lucha, siguen pagando aún más caro que todos los demás. Publicado originalmente en 1969, también cuenta la pasada noche, los últimos días. 

El relato se puede descargar íntegro aquí. Una lectura recomendable para no olvidar de qué estamos hablando realmente. 

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Aparecía el otro día en mi buzón, directo desde el norte y con remite del admirado y querido amigo Daniel Rabanaque (de cuya mano siempre vienen sorpresas de palabra encendida y luminosa), un paquetín. 

En el paquetín, un disco: “Cantes de ida y revuelta”. Por firma, Mabuse y los Compayos. Lo pusimos en el reproductor y la casa se llenó de palmas y de ganas de tomar las calles y bailarlo todo. 

Se definen como “una frescura flamenca inspirada en poetas españoles y músicas gitanas”, y traen ocho canciones en las que se unen las músicas de Rodrigo J. García, Paul den Holder y Jose Luis Seguer “Fletes”, la poesía de Daniel Rabanaque y los ritmos y jaleos de Konstan Pradas, Javier López y Eva Lago. Canciones que transitan entre el amor y la rabia: como la vida misma. Canciones en las que el humor nos salva, y la música… más. 

Así por ejemplo esta, "Cuerpos celestes", que se me ha quedado particularmente pegada a los tareareos y a los pies. “Sálvate que tiran bombas / desde la estación central de televisión (…) / Coge a los niños y corre / porque se puede ser feliz (…) / Allá ellos con sus parques sin pájaros”.

Toda una alegría que llevarse al verano, este disco. 

Podéis encontrar toda la información sobre el proyecto, incluidos sus puntos de distribución, en la página de facebook del grupo

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Y ES ASÍ DESDE ENTONCES (2)

Aunque la puerta esté cerrada, soy libre
Henri Cole

Elegimos correa,
casa con jardín,
caricias en el lomo,
tres paseos diarios,
escogimos el círculo,
la seguridad cansina del tigre dando vueltas en el recinto gastado de un zoológico.

Ahí afuera, pensábamos, mueren miles de animales cada día.
Y la vida, allí dentro, nos parecía apacible y necesaria.

No nos obligaron,
abandonamos las copas de los árboles en busca del alpiste,
huyendo del otoño.
Y acabamos así,
de un palo a otro palo y del mismo palo al anterior,
danzando adormecidos con la cabeza debajo de las alas.

Hasta que
(fue solo un accidente, ocurrió así)
nos descubrimos, de pronto, rodeados de barrotes,
aunque no nos sentimos desdichados mucho tiempo
porque la jaula al hacerse visible nos enseñó su puerta
(que siempre había estado allí,
que siempre había estado abierta,
que estaría abierta también en el futuro)
y dejó de ser jaula.

Y es así desde entonces.

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Un poema -un poemazo- de Marcos Díez (Santander, 1976), de su Puntos de apoyo (La Grúa de Piedra, 2011), un libro delicado y preciso, lleno de luz, lleno de ganas de dar luz. 

Un poema que se me viene particularmente a la mente en este día en el que nos quieren tapar la boca, cerrar las puertas, cortar las alas

Porque va a ser que no. 

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Las señales que hacemos en los mapas es un libro que no ha sabido quedarse quieto en sus páginas. A medida que lo preparábamos, con los poemas parecían cruzarse otros haceres, familia cercana de los versos en sus distintos lenguajes, que acabaron por formar parte del proyecto de una u otra manera. Así, nacieron las siete postales basadas en “El mapa, no el territorio” (una obrita con la que participé en la exposición Estrada. Cuadernos de viaje) que acompañan al libro con sus ganas de ser vehículo de mensajes de amor o de asombro; así se incorporó a la caravana cual epílogo el artículo “La historia desde el punto de vista de los nómadas”, que había escrito en su día para el monográfico “Migrantes” de la revista Mordisco.

Y así creamos también enlosmapas.net, la página de EXTENSIONES del libro. 

La idea:

Esta web recoge una serie de artículos que recorren de otro modo estos mapas, que marcan con distinto cincel parecidas señales. Una decena de textos escritos desde el mismo tiempo y contexto que los poemas de este libro, pero al vuelo, en la urgencia del ver y el vivir. Publicados originalmente en el blog de la autora, los rescatamos para acompañar a Las señales que hacemos en los mapas con la idea de que entre unos y otros textos se tienden lazos, en un juego de tramas y lenguajes que es otra de las formas de tejer esta cartografía. Otras ventanas para un mismo paisaje, otros modos de caminar.

La concreción: una docena de artículos, originalmente publicados en www.trespiesdelgato.com, que recuperamos y remozamos. Aquellos que contaban de nuestras andanzas por Marruecos, los quehaceres y descubrimientos de aquella vida, los gustos y disgustos del periodismo, los asombros de las ciudades nuevas y de las que se iban haciendo más cotidianas. Viajes, reflexiones, aprendizajes.

Cada uno de ellos viene, además, acompañado de un grabado original de Nicholas Callaway, el artista de quien es obra la imagen de portada del libro, y que tuvo la generosidad de acercarnos también estas otras propuestas para acompañar a los textos. Un regalazo.

Por otro lado, la página quiere servir también como punto de información acerca del libro: distribución, presentaciones, materiales relacionados… Poco a poco iremos completando y actualizando contenidos.

Pero desde ya mismo os invitamos a pasaros por la web, a explorar este otro rostro de los mapas que nos traen aquí. 

Ahlan wa sahlan

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La poesía, los libros, traen sorpresas. Propician encuentros, propician telepatías, propician intercambios. Como si las palabras llamaran a más palabras, como si el viaje llamara a más viaje y abrirse de par en par las ventanas del corazón fuera contagioso. 

Pero el regalo que recibí ayer es particularmente asombroso y emocionante. 

El amigo Ivvy Saint Germain ha puesto música a uno de los poemas de Las señales que hacemos en los mapas. “Gacela de ti que vienes" es ahora canción. 

Y una solo puede secarse el lagrimón y decir, tantas veces: gracias…